Mi trabajo me permite conocer personas muy interesantes, de todas las edades, carreras, etc.
Con algunos solo hago una buena relación laboral, con otros surge una amistad y otros, simplemente, se te quedan en el corazón.
Y así me pasó con él. Todo un caballero que me conquistó.
Su historia, la de venir a sus 80 años a comprar unas alianzas para él y su pareja, es la más bonita que he escuchado hasta ahora.
Conoció a su pareja cuando su trabajo era muy demandante, de constante mudanza de país en país, lo que no le dio la oportunidad de pedirle la mano ni realizar una boda, aun cuando siempre fue el sueño de ella.
Muchas veces el día a día nos hace poner nuestros sueños en pausa, sin olvidarlos. Y así ocurrió con ellos.
Cuando vino a visitarnos, nos contó que su esposa estaba enferma y que quería hacerle realidad el sueño de toda su vida: ser su esposa.
Después de una de esas conversaciones que te enriquecen el alma, le explicamos cómo tomarle la talla a ella y le hicimos las alianzas.
Hubo boda y fueron esposos.
Pocos días después de la boda me llegó la noticia de que su esposa había partido.
Ella se fue siendo su esposa, y él cumplió la promesa de toda una vida.
Y aunque su historia no duró para siempre, tuvo el final más hermoso que puede tener un amor verdadero: cumplirse.
